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Terra
La Coctelera

07. El chiringuito

Una idea ronda en mi cabeza estos últimos días, tanto aburrimiento debe servir para algo, digo yo. Casi todas las mañanas salgo a pasear por la playa y veo los chiringuitos vacíos. Cerveza, refrescos, papas, cacahuetes con piel gratis y la especialidad de la casa: parrillada de sardinas. Caña de barril y sardina, dos euros.

Sí, voy a montar un chiringuito este verano. Perderé dinero, lo sé, pero no olvidéis que soy muchimillonario ¿Alguien se apunta a la aventura?

07. Rachid el Moro

Esta mañana me he peleado con un moro. Quería entrar a robar a mi chalet y yo no estaba por la labor. Le podría haber dado mil euros para que se fuera, pero hoy no me ha salido la vena samaritana o filantrópica. El caso es que le he hostiado bien, pero el moro ha aguantado bien; debe ser que le han dado muchos palos en esta vida, quizás por ser moro, inmigrante (ilegal) y pobre.

El hijoputa se me ha echado a llorar y claro, uno que no es de piedra le ha invitado a pasar y le he ofrecido un par de paquetes de papas ¡Hay que ver cómo comía el cabrón, con qué ganas! Sólo de ver cómo me había dejado el sofá de restos de comida me han dado ganas de pegarle una patada en la boca, pero me he controlado. Ha valido la pena porque me ha contado su vida, y dada mi aparente soledad se agradece un poco de conversación.

Se llama Rachid y tiene 20 años. Llegó a España hace cuatro años procedente de Tánger. Dice que cruzó a nado el estrecho, pero yo no me lo creo. Pinta de David Meca no tiene. Habla muy bien el castellano y el Real Madrid es su única religión. Vive en el pueblo con dos compatriotas y le gustaría estudiar una carrera universitaria, pero como sabe que nunca podrá hacerlo se dedica a negocios diversos: top manta, aparcacoches, vendedor de relojes robados, asaltador de fincas... Dice que nunca ha pegado a nadie y yo le creo; pues el tío no sabe pelear.

Iba a mandarlo a la mierda cuando se me ha ocurrido contratarle como jardinero. Ya se han muerto varias plantas y no es plan de que se mueran más. Rachid, como yo, no tiene ni puta idea, pero algo hará. Por 500 euros al mes ya puede esforzarse, y le he prometido una prima de 100 euros si no me roba nada, que ya se sabe que los moros tienen las manos muy largas. Vendrá de lunes a viernes y tiene derecho a comida, pero a nada más. Una cosa es tenerle en casa para que me dé conversación y otra muy distinta es provocar un efecto llamada. No sé por qué, pero me veo repartiendo los 14 millones de euros largos entre los amigotes del Rachid. O eso o se juntan todos para matarme y quedarse con el chalet. Desconfiado que es uno.

06. Tele de plasma

El Home cinema es un camelo; te tienes que instalar tú, no se oye del todo bien, el cable no me alcanza para todos los altavoces y las palomitas no te las preparan agradables señoritas.

Además, odio las teles de plasma. Me compré una, lo reconozco, pero sólo por la satisfacción de pagar 3000 euros al contado. Tiene un montón de pijadas y el ordenador se puede conectar ahí, una gran ventaja -la única- si tenemos en cuenta que puedo ver las pelis porno que me bajo del eMule. Pero por lo demás no vale nada el plasma ese; no me consigo acostumbrar a esas figuras alargadas y deformes que salen por la pantalla que, por cierto, también es de alta definición (otro timo)

Lo más seguro es que la cambie por una normal, que sólo tenga la alta definición (en pijo-lenguaje es HD), aunque pensándolo bien lo más seguro es que la destroce con un martillo. Dicen que relaja mucho cargarte cosas caras, y como ahora me sobra el dinero... También podría regalarla, o subastarla, o hacer un concurso: la primera que me limpie la casa -es demasiado grande y yo no tengo tanto tiempo- se la queda ¿Alguna se anima?

05. Coñazo

No, hoy no toca hablar de la vagina de mi todavía mujer. Cuando me despedí del trabajo llamándole hijo de puta a mi jefe pensé que ser un parado rico con 14 millones de euros largos tendría sus ventajas, por lo del dinero y sus consecuencias. Sin embargo, la realidad ha vuelto a golpearme.

Estoy solo, los días son un aburrimiento y mi calidad de vida no ha mejorado en absoluto. Es evidente que necesito a alguien urgentemente. Podría contratar a una puta por 1000 euros al día para que me hiciera compañía, pero paso. Lo nuestro no sería amor y una relación unida por el dinero no es lo más apropiado en estos tiempos que corren. Además, la puta podría matarme y quedarse con todo -incluidos los 14 millones-, porque estoy seguro que me engatusaría para que se lo dejara todo en herencia o algo así. Eso siempre pasa en las películas y yo debo ser el malo.

Podría pasar más tiempo con John, pero no quiero que piense que estoy más solo que él. Además, mi inglés no es muy fluido y su español ni siquiera existe. Tengo que hacer amistades de verdad, de las de quedar para emborracharse. Y una mujer que me quiera más que la zorra de mi esposa -algo no muy difícil de conseguir, por cierto-. Si tiene 20 añitos mejor que mejor, dicen que es la edad ideal porque el cuerpo ha alcanzado su punto máximo de elasticidad. Pero pase lo que pase, me junte con quien me junte, folle con quien folle, jamás diré que echo de menos a la bruja de Claudia. No, todavía no estoy tan desesperado.

04. John

Mi primer mejor amigo en esta nueva época de mi vida se llama John Collins. Tiene 60 años, es inglés y vive en el chalet de al lado. Por lo que yo sé -y lo que me ha contado- vive en España todo el año y no tiene pensando regresar al Reino Unido, ni siquiera para morir. Aquí tiene de todo: buen tiempo, tranquilidad, sus paquetes de Camel y la televisión inglesa a través de la parabólica gigante que tiene en el tejado de su casa. A veces se va de putas, pero de las caras (de 3000 euros una noche) Dice que se lo pasa bien, pero que ya no es como antes.

Solemos vernos de vez en cuando -su chalet está a 200 m. del mío-, pero sobre todo los sábados o los domingos que hay fútbol. El tío es del Portsmouth, una mierda de equipo que seguro baja este año pero que me cae bien. Es una especie de Cádiz o de Numancia. Como la tele es suya, siempre vemos el coñazo de partido del Pompey, que es como se le llama cariñosamente a este club. Los ingleses que se juntan con él (que viven por aquí cerca) y yo mismo -el único no inglés del grupo- intentamos sin éxito que ponga el Chelsea o el Liverpool, que tiene muchos españoles, pero nada, él es fiel a su Pompey.

Los ingleses no paran de beber cerveza caliente durante el partido, son así de raros. Como a mi no me gusta me refresco a base de piratas (Whisky con casera) Se podría decir que somos como una peña organizada: John pone la casa y la tele, un inglés muy gordo (no me acuerdo del nombre) se encarga de gritar como un auténtico hooligan las dos horas del partido; Mark, un británico de la quinta de John, escoge las canciones futboleras que vamos a cantar, y siempre tiene la deferencia de buscarme la letra en internet para que no me pierda. Hay un par más que no hacen nada, son los típicos gorrones pero en versión inglesa. Yo me encargo de la bebida y la comida: cada semana caen fácimente siete u ocho bolsas de papas.

03. El Mercadona

El otro día fue por primera vez a un supermercado. Salí del chalet caminando porque todavía no he tenido tiempo para comprarme un buen coche y en unos 20 minutos recorrí los 2 Km. que me separan del pueblo. Pasé delante de algunas tiendas y la única que me sonó fue Mercadona; creo que mi mujer compraba las cosas ahí.

Como no tengo ganas de cocinar -no es plan de perder el tiempo- pensé en algo rápido y fácil mientras caminaba por los pasillos, que estaban llenos de extranjeros, la mayoría ingleses. De repente, vi el cartel que cambiaría mi vida para siempre: congelados.

Calamares rebozados, paella, tortilla de patatas, salteado de verduras, muslitos de mar, bombas mexicanas, pizzas de toda clase y condición, calzone...

Luego, después de llenar el carro de buena bebida -gaseosa de Hacendado, sangría de Hacendado y mucho whisky barato- descubrí la comida preparada para cocinar en microondas:

Palomitas de maíz, pollo pimpollo, lasaña, canelones, más palomitas, decenas de bolsas de pop-corn...

Y no podían faltar las papas, lo único que compraba cuando estaba casado. Bajo de nuestra casa estaba la Bodega de El Feli, y el cabrón tenía de todo, pero a mí sólo me interesaban las papas:

Ruffles jamón jamón, de las normales, doritos de todos los sabores posibles, lays campesinas, de las normales... Hasta compré unas papas de esa marca -Hacendado- que está en todas partes. Es curioso, ahora que me doy cuenta, que los gubblins de Hacendado los haya hecho Grefusa. Pillo 15 bolsas más y ya tengo comida -calculo- para un mes.

Cuando me tocó pagar le dije a la cajera -una jovencita llamada Sonia a la que le quedaba muy bien el uniforme- que pasaba de poner en la cinta el contenido de mis dos carros, que estaba cansado. La tía, lejos de cabrearse, llamó a uno y me dijo que antes de las dos de la tarde me la llevarían a casa. No sabía que existiera ese servicio, que está bien, no lo niego, pero me hubiera gustado comerme un par de bolsas de papas por el camino, ¡que son 2 Km!

02. El chalet

Cuando me separé de mi mujer lo mandé todo a la mierda: el piso de 70m² habitables, el coche -un Renault Clio del 95- y el ordenador -un Pentium III 450 Mhz del 99. Todo para ella. A cambio, me quedé con los 14 millones de euros largos y me fui a vivir a la costa.

El chalecito no está nada mal: 370m² (1700 de solar), 3 habitaciones, 2 cuartos de baño (ambos con hidromasaje; sí, los dos), una cocina como la de Arguiñano, salón amplio decorado con todas las pijaditas inimaginables (más o menos, todas las que salen en el juego de Los Sims), calefacción central...

En el exterior tengo un jardincito con sus florecitas y sus palmeras, barbacoa de obra para invitar a los vecinos -casi todos ingleses-, piscina cubierta y climatizada, y un garaje-trastero enorme Y mucho espacio: hasta estoy pensando en construir una pista de fútbol sala...

El precio, que para un rico como yo es lo de menos, está bastante bien: 680000 euros pagados al contado a su anterior propietario, un tipo extraño con acento ruso. Supongo que formará parte de alguna compleja organización mafiosa que se dedique a la extorsión o a la trata de blancas, pero preferí no preguntar y le invité a un Cardhú que Dimitri guardaba en su mueble-bar. No es mal tipo este Dimitri...

01. Los números

Desde que me tocó la Primitiva con sus 14 millones de euros largos no he vuelto a preocuparme por ningún sorteo de azar ¿Para qué si mis números son los mejores?

5: por el culo te la hinco. Siempre me gustó ese número por la rima que tiene. Nunca olvidaré la cara que pusieron mis suegros cuando en la Nochevieja del 2004 grité, poseído por la emoción, la frase a escasos centímetros del careto de Ramón García. He de decir que con el pantallón de plasma que tienen los señores Gómez pierden mucho las uvas... y la Ana Obregón.

12: el día de mi cumpleaños. Todavía estoy esperando los nueve regalos que me debe la bruja de mi mujer (dentro de poco tendré que añadir un prefijo de dos letras, ya falta poco, ya falta poco...) Y todo porque nunca quise celebrarlo con ella, ni cuando éramos novios ni cuando nos casamos hace cuatro años. No creo que le hubiera hecho mucha gracia estar con mis amigotes en un club de striptease. Allí las mujeres son elegantes y te tratan bien. Y ponen más ganas cuando follan contigo.

20: el día que ganamos la séptima. Desde ese día, Don Pedja Mijatovic ocupa un lugar privilegiado en mi panteón de dioses y diosas; por delante de Elsa Pataky y por detrás de Gerardo Castilla, el comisario de la serie El Comisario.

38: este número lo puso el Arturín cuando jugábamos a medias. Como se murió hace casi un año el premio es todo para mí, aunque a veces mi conciencia me dice que debería darle el pico de los 14 millones a la buenorra de su mujer. Un día de estos me pasaré.

40: los polvos que me pegué con mi primera novia, la Natalia, galleguiña ella. Fue en mi época de estudiante en Madrid, concretamente en el piso que compartíamos el Arturín, yo y un sueco (o noruego, no sé) con el que nunca nos entendimos. Guardo un diario con la descripción de todos los coitos, el día, la hora... y están puntuados del 1 al 10. La nota media es un 8'5.

49: la elección de este número obedece a una cuestión de probabilidad. El común de los mortales casi nunca este número (se suelen plantar en el 30 ó 31, por lo de las fechas señaladas), así que cuando sale suelen haber pocos acertantes. En mi caso concreto, sólo uno. Yo. El Ambrosio.

Si mal no recuerdo, el reintegro era el 5, lo que no sé es si está incluido en el premio. Voy a llamar al ONLAE, a ver qué me dicen.